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Mauricio Dayud: "La vida no tenía nada preparado para mí y la sorprendí"
Martes, 17 Noviembre 2020 14:57

Mauricio Dayud: "La vida no tenía nada preparado para mí y la sorprendí"

Es uno de los actores más prestigiosos de Argentina. Multipremiado, exitoso… Cumplió su sueño de niño y llegó mucho más allá de lo que podía imaginar. Hoy tiene el reconocimiento del público, de la crítica y de sus colegas; una combinación que todos anhelan y  raramente se da. Repasó su vida: su infancia, sus comienzos, y su motivadora historia.
Mauricio Dayud nació en Paraná, Entre Ríos, llegó a Buenos Aires para seguir su vocación; y lo logró. Es actor, autor, director y productor. Uno de nuestros actores más premiados. El mismo asegura que casi todo lo que escribe tiene que ver con su infancia. En “El batacazo” obra que escribió y protagonizó, hay una frase que dice que: “ser feliz es ser de grande, lo que uno imagino que iba a ser cuando era chico”. Y es, sin dudas, un fiel reflejo de ello: “Cuando era chico y llegaba a mi provincia un diario de Buenos aires me ilusionaba viendo la cartelera de los diarios, soñaba que algún día sería actor y que yo estaría en uno de esos teatros. Estaba tan lejos... Y ahora conocer a todos los actores y que todos me conozcan a mí y que el público me acompañe en un espectáculo que escribí y produje es mucho más de lo que alguna vez deseé", aseguró el actor.
 
 
Recordando su infancia, Mauricio contó: “Nací en Entre Ríos. Tuve una infancia de juego en la calle, mucho barrio, mucho río. Me gustaba el fútbol, pero fui un futbolista con más garra que habilidad. También me gustaba el básquet y, como basquetbolista, tenía más voluntad que altura. Igual nada me detenía. Suplía lo que me faltaba con otra cosa y eso se convirtió en una constante en mi vida y lo que me ayudó a no desanimarme y encontrarle la vuelta a encaminarme en el camino que quería".
 
De chico y adolescente, siempre fue políticamente correcto. La persona que todos querían que fuera, menos la que él quería ser. Estudió cuatro años de una carrera universitaria solo para satisfacer a sus padres, hasta que un día reflotó en su cabeza la frase de su abuelo: ‘El mundo es de los que se animan a perder el equilibrio’ y decidió dejar todo para seguir su sueño: “A mí me elogiaban mucho. Yo era muy equilibrado, muy educadito. Me acostumbraba con facilidad a hacer lo que no me gustaba. Y me di cuenta que prácticamente estaba viviendo para recibir esos elogios, haciendo lo que no me gustaba. Yo era como no quería ser, tenía reprimida mi vocación. Estudiaba la carrera universitaria que querían mis padres, vivía en la ciudad del interior que no me interesaba, pero donde se podía cursar esa carrera, y estaba lejos de mis amigos. Era muy elogiado por educadito, pero porque me había acostumbrado a hacer todo lo que no me gustaba. Si bien el objetivo de mi padre era loable, darme una carrera, yo no tenía capacidad ni vocación para ser contador y fue entonces que tuve que animarme a perder el equilibrio para seguir a mi corazón y dejar a un lado los mandatos familiares. Alrededor de los 20 sentí que tenía que dejar mi familia, mi ciudad, el mandato familiar, perder el equilibrio y seguir mi vocación. Tomé la decisión de hacerlo en esos momentos en los que, como a todos, nadie confía en uno, uno no tiene trabajo, no tiene dinero. Esa etapa tan difícil en donde es tan importante creer en uno y en lo que uno siente, porque es la única manera de llegar a ser feliz algún día.” Rememoró Dayud.
Continuando con su vida, el actor, relató: “Estaba estudiando Ciencias Económicas en Santa Fe. Volví a la pensión donde vivía y armé dos valijitas. En una traía la escenografía de un unipersonal y en la otra: mi ropa. Fue un 24 de febrero, el cumple de mi mamá, una locura. Estaba tan decidido que ni eso tuve en cuenta, me fui y se cortó el festejo para mi despedida.”
Llegó a Capital y comenzó a remarla. Durmió en estaciones de subte, se convirtió en pintor de brocha gorda, vendedor ambulante… Pasó hambre, comía lo que podía, pero era feliz porque estaba en el camino elegido: “Cuando yo llegué a Buenos Aires no conocía a nadie – Recordó el actor -. Viví en distintas pensiones de Constitución, trabajé como pintor de departamentos y vendí de todo en los colectivos. Era una época dura, todavía no estábamos en democracia, pero igualmente era feliz, estudiaba con Carlos Gandolfo, y si bien mis compañeros se acostaban a la hora en que yo debía levantarme para trabajar, sabía que estaba recorriendo el camino elegido. Después, para que me empiecen a conocer en el medio -ya que aquí no tenía ningún contacto-, empecé a hacer un unipersonal que me había traído: Amarillo sol, con textos de Humberto Costantini, que lo hacía en la sala Adán Buenos Aires, a las dos y media de la mañana, después del recital de Los Trovadores. O sea que cuando yo subía al escenario la mayoría del público ya se había ido o, los que quedaban, estaban borrachos".
Estudió, trabajó, y muy lentamente fue forjando su camino. Un día se dedicó a escribir, sentía que no se iba a quedar con los brazos cruzados esperando la obra que el necesitaba protagonizar y nadie le ofrecía: “Me dediqué a escribir porque nadie me iba a producir un espectáculo, así que lo tuve que producir yo, y fue lo mejor que podía haber hecho. Yo veía que las carreras de otros iban por el ascensor y la mía iba por la escalera, pero ahora yo agradezco eso porque me fortaleció mucho. Me hizo incursionar como autor, como director, como vestuarista, escenógrafo… Me permitió no tenerle temor a ningún rubro del teatro y poder hacer todo con seriedad y experiencia".
Continuando con su camino, Mauricio recuerda: “Fui el primero que confió en mí. Al principio mucho trabajo y poca plata… Hasta que un día con lo que recaudé en venta de artículos que hacía en el colectivo, pude irme a Santa Teresita y ahí hice mi primer éxito: ’Hablemos a calzón quitado’. En un comienzo la gente no venía, hasta que un día se me ocurrió para atrapar al público, una buena estrategia. Iba a la playa y aplaudía como si un chico se hubiese perdido. Cuando reunía a unos cien preocupados, contaba chistes y pasaba la ‘publicidad’ del teatro. El público empezó a ir a verme y después el boca a boca hizo el resto".
Dayud empezó bien de abajo y hoy es dueño de su propia productora “Sin Contactos Producciones”, como anécdota de la frase que siempre le decían cuando iba a buscar su oportunidad en la actuación, así lo cuenta: “Mil veces me dijeron que no. Mil veces me quedé esperando ese trabajo y yo me decía: ‘¿qué voy a hacer, esperar a alguien en la puerta de su casa, tocarle el timbre para pedirle un trabajo?’. No me nacía, no lo podía hacer. Así empecé a generar mis propios proyectos y armé mi propia productora. El nombre sin contactos surgió porque lo que siempre me decían, cada vez que iba por un trabajo, cada vez que quería hacer algo, las palabras eran las mismas ‘sin contactos…’ Para todos, sin contactos era imposible; pero para mí no lo fue".
 
Su carrera fue mejorando cada vez más, hasta que en 1994 se alzó con el premio ACE a la Revelación, uno de los momentos más importantes de su vida: ”Sentí por primera vez que existía cuando gané el ACE a la Revelación. Ni el documento de identidad me daba la seguridad de que era alguien que podía hacer algo. Tengo la sensación de que vengo como muy abajo en esto, tal vez porque vengo de lejos, de una provincia, porque soy de perfil bajo.” 
La vida ya le había cambiado, comenzaba a vivir de su profesión, pero el gran espaldarazo le llegaría en con ‘El Amateur’, una obra de su autoría que se mantuvo por varias temporadas en la escena independiente y fue premiada por los críticos: “A la tele le debo que me permitió hacer el teatro que me gustaba. Yo pude producir mis obras porque trabajaba en la tele. Veía que otros actores invertían lo que ganaban en la tele en cosas personales, y yo lo perdía produciendo teatro. Yo me iba a comprar mi primer departamento luego de trabajar siete años seguidos en la tele, tenía 37 años y quería dejar de alquilar. ¿Y qué hice? Produje El amateur y no lo pude hacer. Todo el mundo me dijo que estaba loco. Sin embargo, luego El amateur me dio mucho más. Siempre tuve la estrategia de perder para ganar.”
Y después de remarla muchísimo pasó de actor a "empresario", llegó a fundar ‘El Chacarerean’ su propia sala de teatro, en Palermo: “Mi mamá me enseñó a ahorrar. Siempre me decía: 'Todo se termina, aunque haya mucho'. Y así fue como pesito a pesito, fui construyendo mi gran sueño.”
Llegó Toc Toc y con esta obra nueve años seguidos de trabajo en la calle Corrientes y un nuevo premio ACE, esta vez, como Mejor Actor Protagónico de Comedia. Y luego El Equilibrista, la obra que le trajo los premios más importantes de nuestro país. Un unipersonal que ideó en base a su propia historia familiar. Un espectáculo, que fue tanto la fe que tenía en el proyecto, que ofreció devolverles el dinero a los espectadores que no salieran satisfechos del espectáculo: “Fue una promoción que me podría haber salido mal, pero salió muy bien. Al terminar el espectáculo inmediatamente salía al hall a recibir la devolución del público y siempre fueron maravillosas sus palabras. Yo creo que el espectáculo conmueve porque el espectador se ve a sí mismo y ve también a los que ama arriba del escenario. La gente logra ver a sus familiares a través de los míos. Este espectáculo habla de cómo fue el pasado pero te deja la sensación de cómo hay que vivir el presente, con el ímpetu con el que hay que salir a la calle y decir: yo me tengo que animar a perder el equilibrio, porque, parafraseando a mi abuelo, el mundo es de los que se animan a perder el equilibrio".
 
Y Mauricio con El Equilibrista ganó el ACE al Mejor actor en obra para un solo personaje y recibió el mayor de los honores de la premiación: el ACE de Oro. En ese momento emocionó a muchos con sus palabras: "Yo empecé sin tener nada y con este premio sentí que lo tenía todo. Esto es lo que quiero dejarles bien en claro a los que recién comienzan, que confíen en que, como a mí, algún día les puede tocar; que sigan su camino, que no se aparten de él por nada del mundo. Cuando dijeron mi nombre no lo podía creer, pero lo que más me impactó fue el reconocimiento de los colegas que se levantaron para ovacionarme. Sentí que todos se alegraban y esto me dio tranquilidad. Me dije: ¡entonces me lo merezco! Logré mi objetivo". El espectáculo, que actualmente puede verse los fines de semana en El Chacarerean, ganó el premio Estrella de Mar de Oro, tres meses después de lograr el máximo galardón del ACE.
 
Mauricio Dayud no solamente es exitoso en su profesión, en la vida personal está en pareja hace 20 años con la actriz Paula Siero y es padre de Rafael, un niño de 8 años, al que trata de trasladar al máximo su experiencia: “Mi papá quería que yo fuera profesional. No le interesaba que fuera feliz, quería que yo fuera un profesional y yo encaré mi profesión de esa manera: tenía que demostrarle a mi papá que lo que yo había elegido para mi vida era mejor que lo que había elegido él. Yo trato de trasladar la experiencia que tuve con mi padre a la relación con mi hijo porque a mí me sirvió. Fue un motor, durante varios años a mí no se me daban las cosas y mi papá decía: ‘Y bueno... él agarró para ese lado, por eso le va como le va... Si hubiera seguido para contador hoy tendría un trabajo y un buen pasar’. Eso, en vez de llenarme de odio, me daba fuerzas para seguir adelante y demostrarle que estaba equivocado. Finalmente mis padres pudieron verme desarrollar y constataron que había elegido bien y está bueno que la vida me haya dado la oportunidad de poder mostrárselos. Hoy miro para atrás y lo que más le agradezco es a lo que no tuve, yo no tenía nada, yo tuve que agrandar mi deseo para convertirme en lo que me hace feliz; y yo tuve mucho pero mucho deseo porque a mí nadie me daba nada. Todo me ayudó a darme cuenta a tiempo que la vida no tenía nada preparado para mí y yo tenía que forjar mi propio camino, sorprenderla".
Su vida y su historia completa, en su propia voz, aquí en Íntimamente con Alejandra Rubio.
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