Lunes, 27 Noviembre 2023 15:51

"El Método Milei"

Volvé a escuchar el comentario editorial de Cristina Pérez en Cristina Sin Vueltas

“¿Por dónde empezar?” Puede ser la pregunta que bien refleje los titánicos desafíos de gobernar la Argentina en un contexto de urgencia.

Javier Milei no se ha guardado nada sobre la gravedad de la crisis ni sobre la necesidad de hacer cambios drásticos y sin gradualismo. Tampoco sobre los riesgos de hiperinflación que acechan sobre la economía.

Con el correr de los días podemos definir que ha marcado una prioridad: desarmar la bomba de las Leliq como paso número uno. Más allá de que sea o no el futuro Ministro de Economía, a esta cuestión se dedica Luis Toto Caputo. Y es el tema en el que efectivamente se realizan gestiones que ahora se trasladaron a los Estados Unidos. Es un viaje clave que se produce a sólo una semana de ganar las elecciones con la mayor cantidad de votos de la historia del país. Esta celeridad no sólo habla de la urgencia.

La velocidad es un parámetro clave para entender la forma en la que procede Javier Milei. El vértigo de las gestiones por las Leliqs, que incluyó una frenética danza de nombres, entradas fugaces y salidas bruscas del escenario, lleva velocidad crucero. Otras cuestiones esperan en medio de enorme incertidumbre.

Dice alguien que conoce muy bien a Milei: “Para entenderlo hay que entender su personalidad. Milei no dobla, tampoco frena. Acelera o levanta el pie del acelerador”. Durante el proceso electoral quedó claro ese cambio de velocidades, que, a fuerza de ensayo y error, mostraba arremetidas y desaceleración táctica. Como ejemplo de aceleración podemos señalar lo que pasó luego de ganar las PASO, con un Milei a todo trapo para mantener ese momentum triunfal mostrándose como virtual presidente. Y como ejemplo de bajar un cambio, podemos recordar la semana previa a las generales, precedida por varias metidas de pata de su entorno, que hicieron que el candidato se borre del mapa y llame a su tropa a silencio para atenuar el efecto de esos tropiezos que incluían varias declaraciones desafortunadas.

Al tiempismo de ópera apretando y soltando el acelerador hay que sumar otras dos cuestiones al método Milei. Una tiene que ver con el lente a través del que ve la realidad, es decir su marco de referencia. Milei ve la realidad con la lógica del mercado. Pero veamos cómo define “Mercado”, el propio Milei. Dice: “Yo defino el mercado como un proceso de cooperación social donde los individuos intercambian voluntariamente derechos de propiedad”. Es decir, los actores proceden con un intercambio porque les conviene. Si traspolamos esta cuestión a la política, quizás podemos decir que en las negociaciones por votos en el Congreso Milei apostará a la conveniencia: su palanca serán los recursos del estado y la necesidad de las provincias. Su debilidad la bajísima cantidad de bancas. En estos días vemos cómo se posterga la decisión sobre quién será presidente de la cámara de diputados que parecía cerrada para Cristian Ritondo para asegurar los 40 votos del PRO. Sin embargo estamos viendo un ida y vuelta y un juego de desconfianza. Si uno apostara que Milei está aplicando la lógica de mercado, podría decir que buscó generar competencia entre posibles candidatos, que incluyen a Florencio Randazzo o alguien de su partido, para subirse el precio y llegar con mejor forma a la negociación con Mauricio Macri, que es un negociador con fama de implacable y ante quien no quiere ni mostrar obediencia ni total dependencia. Es una hipótesis, pero es el marco de referencia de Milei. Todo es un mercado, es decir cooperación voluntaria donde a los individuos les conviene hacer ese intercambio, acuerdo o transacción.

Traslademos esto a la cuestión de los precios. En estos días se suman pedidos para que el gobierno entrante dé referencias sobre qué pasará con los precios. Venimos de un sistema donde el gobierno intentó intervenir el mercado con controles para ser el que determinaba los precios. Lo que vimos a través de todo este tiempo es que nunca lograba controlar esa variable a pesar de todos los cepos, regulaciones, y amenazas. Con los operativos en las cuevas tuvimos otro ejemplo casi bizarro.

Para Milei, el estado no tiene nada que hacer con los precios. Su idea es que hay que “servir al prójimo con bienes de mejor calidad y mejor precio”, y si nos preguntamos cómo se logra eso la respuesta de mercado es casi automática: competencia. Este cambio de reglas es brutal porque toda la matriz productiva se había acostumbrado a esperar que el estado le dijera si podía aumentar el precio, si podía importar o si podía exportar. Hay un punto donde no se puede aumentar un precio infinitamente porque en definitiva el precio depende de que alguien más lo valide. Nadie pone algo a la venta para que nadie pueda comprarlo. Ese tránsito hacia un nuevo equilibro paradójicamente depende de que no haya en el mercado una montaña de pesos extra por la bomba de las Leliq que sumarían a un contexto de inundación de pesos por la alta emisión del gobierno que se va.

También hablamos de esto cuando hablamos de transición. Uno de los enormes desafíos de Milei es lograr este ecosistema que facilite comerciar y no sea una maraña de regulaciones. Según la revista The Economist en Argentina, por el cepo a las importaciones y exportaciones, se necesitan 166 horas para llenar formularios de aduana si se quiere hacer negocios, mientras que en el promedio de la Organización de Comercio ese número se reduce a 3 horas. O sea 166 horas versus 3 horas, con todo el costo que eso significa.

Cuando Milei se refiere a sí mismo como Bilardista también habla de competencia, en el máximo rendimiento. Es decir, habla de mercado. El kirchnerismo buscó cambiar esa lógica e instalar que era la política la que debía imponerse sobre la economía. Para Milei la política también es un mercado. El experimento está en marcha, pero si de convencimiento se trata estamos hablando de alguien tan convencido como Cristina pero al revés y que logró divulgar sus ideas con tanto éxito que se convirtió en presidente.

¿Cuán preparados estamos para la libertad? Si uno le pregunta a un repartidor de Rappi, te va a decir que le encanta manejar sus horarios, que no quiere sindicatos y que gana mejor que un médico. Si le preguntás a un empresario de la construcción que depende de la obra pública se va a aterrar porque no recuerda lo que era correr riesgos y estaba en la zona de confort del estado que sólo requería algún peaje. Si vemos el mercado laboral y cómo creció la informalidad, hasta más del 40%, podemos presuponer que esos trabajadores conocen toda la intemperie de la libertad porque de hecho hace tiempo que no tienen nada que los proteja. Quizás ahí sea fácil entender por qué votaron a Milei y cómo los sindicalistas terminaron defendiendo la quita de ganancias que sólo beneficia a unos pocos.

No sólo es transición de gobiernos. También es una transición entre modelos y una transición de toda la sociedad hacia los dominios de la Libertad. Algunos están contentos, otros tiemblan de miedo parados ante la jaula abierta.