Lunes, 12 Febrero 2024 13:46

"¿Cuantos quieren realmente un cambio?"

Volvé a escuchar el comentario editorial de Cristina Pérez en Cristina Sin Vueltas

¿Cuánto más puede tensarse la cuerda entre el gobierno Nacional y las provincias?

Hoy, los puentes están rotos con algunas de ellas y con otras la diplomacia está en suspenso.

El gobierno se prepara para gobernar por decreto dentro del espacio que le permite la ley y se enfoca en la reducción del déficit fiscal para acelerar la baja de la inflación.

Las provincias, que buscaron con la negociación por la Ley Ómnibus asegurarse más recursos, terminaron con menos. Los gobernadores que sí cumplieron con el gobierno piden que la Nación no generalice como si todos hubieran actuado de la misma manera. A nadie le gusta la escalada verbal del presidente con palabras muy graves.

Al gobierno tampoco le conviene romper: una rebelión de las provincias lo dejaría aislado. Pero saben que tienen un margen para endurecerse. Piensan que en algún momento serán los mismos gobernadores los que pedirán un pacto fiscal.

Hoy pasa algo insólito. Existe un chat de gobernadores enfurecidos donde terminaron hablando mandatarios de Juntos por el Cambio con el propio Kicillof haciendo causa común. Ese es el límite de algunos gobernadores: la rebelión sólo le conviene al kirchnerismo y sus propios electorados terminarían pasándoles factura. ¿Adivinen quién vuelve si Milei fracasa?

Hay quienes a estas horas aún lamentan que la ley Ómnibus no se haya votado por las reformas que implicaba en términos de desregulación y simplificación. Nunca había existido un consenso para tantos cambios y ahora quedaron malogrados. En el gobierno aseguran que muchas de esas medidas pueden ser ordenadas por decreto.

El flujo y reflujo de la discusión lleva siempre al mismo lugar: la pelea por la plata.

El corte de transferencias extraordinarias y Fondos Especiales ya alcanza a partidas de Transporte y Educación. Por esta presión en las cajas provinciales es que la Nación espera que las provincias vayan al pie. Pero nada bueno puede salir de un conflicto permanente. Para la Nación implica depender de sí mismos y sin margen político en medio de un ajuste colosal.

Eso llevó al presidente a pensar en una alianza con el PRO y quienes coincidan de la oposición dialoguista. Esa convicción no nació ahora: apareció al mismo tiempo que como él dice, los gobernadores iban corriéndole el arco. Aunque nadie lo diga con todas las letras, hay un diseño político radial que fue testeado con el envío de la ley y que falló. Lo que se viene está candente, no sólo porque aún está en formación sino porque hay demasiado enojo por todos lados, por no decir furia.

El posible acuerdo con el PRO y otros aliados ya alertó a Cristina Kirchner que ve ahí su infierno más temido. Ella fue la que impidió que eso ocurriera apoyando sólo la designación de legisladores de La Libertad Avanza en la presidencia de las cámaras. Para ella, a más poder de Macri, más riesgo futuro. Por eso el propio Milei interpretó los elogios de la señora como un intento de frenar esos entendimientos. La táctica es decir públicamente que empoderar a Macri será un gesto de debilidad de Milei. Aunque no la veamos Cristina sigue ahí.

¿Cuál de los dos Milei prevalecerá? ¿El que se mostró emocionado y espiritual en los viajes a Israel y Roma, o el enfurecido con los gobernadores? Hay que ver qué efecto tiene en él la reunión con el Papa y qué decide al volver al país. Por ahora, el ministro de economía Luis Caputo se sentó sobre la caja y los gobernadores quedaron obligados a ajustar. Ellos tienen la pelota y deberán mover por interés propio, piensan en la Rosada. En tanto apuestan mediáticamente a señalarlos como la Casta.

Una pelea permanente no le hará bien a nadie. Menos, en medio de una crisis como la que atraviesa el país. Hay algo que está en discusión desde la campaña y es la mismísima política. Acabamos de asistir a un espectáculo de la política de toma y daca y de la antipolítica en una misma escena por el fracaso de la ley.

Es hora, es primordial, es necesario, que regrese la otra, la menos frecuente, la alta política. Sin duda es importante para eso que los acuerdos se cumplan. Y, en este sentido al que le quepa el sayo que se lo ponga. “Si nos sentamos nos sentamos para cambiar, no para transar”, eso dice a esta hora el gobierno. ¿Cuántos quieren realmente cambiar?