Mundo

Jueves 08 de octubre de 2015

La ofensiva militar de Vladimir Putin para que Rusia vuelva a ser una superpotencia

El presidente ruso irrumpió en Siria para ayudar al régimen de Bashar al Assad. Sus bombardeos apuntan a los rebeldes y, en menor medida, a los terroristas de ISIS. Su influencia en Medio Oriente.

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Los recientes bombardeos que inició la aviación rusa en Siria, que marcaron el involucramiento definitivo del gobierno de Vladimir Putin en la guerra civil que enfrenta al dictador Bashar al Assad, rebeldes y terroristas, exhiben a las claras un poderío militar que Rusia no mostraba desde hacía mucho tiempo. Probablemente, desde la época de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Algún tiempo atrás los analistas comenzaron a preguntarse si se estaba ante una nueva guerra fría, aunque el contexto parece distinto: el poderío de los Estados Unidos es hoy superior al de cualquier otro país. Por estos días, es la única superpotencia. Pero Rusia no quiere quedarse atrás y muestra su poder de fuego.

“El Ejército ruso es grande y moderno, aunque en algunos campos está menos desarrollado que el de los Estados Unidos. Tiene excelentes combatientes de aire y misiles antiaéreos. Su industria militar está muy desarrollada y, además, es el principal proveedor de la exportación de petróleo y gas”, aseguró el experto en Medio Oriente e investigador senior del Instituto Internacional para la Lucha contra el Terrorismo, Ely Karmon.

El doctor en estudios internacionales por la Universidad de Miami, Khatchik Derghoussian, consideró que “la demostración de poderío de Rusia se explica por la naturaleza misma del mundo unipolar, donde la capacidad de proyección de poder históricamente sin precedentes de la única superpotencia, Estados Unidos, no se ha traducido en capacidad de construir un orden estable”.

El gobierno de Putin utiliza un amplio arsenal durante sus ataques, entre los que se destacan los cazas Sukhoi Su-34, que pueden elevarse hasta los 15.000 metros y tienen una autonomía de unos 7.000 kilómetros; y la BetAB-500, una súperbomba de Rusia, que hizo estallar un búnker del Estado Islámico en Siria. Pero también “acosó” a dos cazas turcos F-16 con aviones MIG-29, según denunció Ankara, lo que ha tensado las relaciones bilaterales en los últimos días.

“Rusia reacciona en la lógica de la necesidad de un equilibrio de poder en un orden estable y consensuado. Por ahora, su éxito consiste en demostrar la incapacidad de Washington de restaurar el orden. No sé si podrá establecer el orden multipolar que a menudo aparece en los discursos oficiales rusos”, aseveró a Derghoussian, profesor de la Universidad de San Andrés, en la Argentina.

En este contexto, una nueva guerra fría aparece como una idea inadecuada, casi anacrónica, para describir el contexto actual. Los motivos son varios.

En primer lugar, porque implicaba –además de batallas militares– una “guerra ideológica entre dos sistemas”, precisó Karmon, quien subrayó que “hoy en día existe una feroz competencia” entre Rusia y los EEUU en la medida en que el gobierno de Putin “quiere retomar su posición de gran poder”.

Un nuevo escenario global emergió tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS. A partir de entonces, los Estados Unidos lideraron un mundo unipolar. “Pero eso terminó después del fiasco de EEUU en Irak y la decisión de la OTAN de desplegar sistemas antimisiles en Polonia y la República Checa contra Irán. Pero eso fue visto por Rusia como una amenaza directa contra su territorio, junto con el intento de inscribir a Ucrania y Georgia en la OTAN”, explicó Karmon.

En segundo lugar, porque parece difícil reconstruir ese mundo bipolar que empataba en poderío militar a las dos superpotencias. Para Derghoussian, se trata de “contextos distintos, por lo tanto es difícil comparar la URSS con la Rusia en la era de Putin”. “La URSS era una de las dos superpotencias que definían el mundo bipolar de la Guerra Fría; Rusia se define como potencia regional y potencia mundial nuclear. No creo que Putin pueda reconstruir un mundo bipolar”.

Sin embargo, el gobierno ruso está siendo, en alguna medida, exitoso en su estrategia. “En Eurasia, en su ‘vecindad inmediata’ como se define desde Moscú el espacio geopolítico de la ex URSS, no le va mal en impedir la expansión de la influencia de los Estados Unidos a través de la OTAN, así como en consolidar su influencia –el Cáucaso y Ucrania son los ejemplos más evidentes. Tampoco le ha ido mal en Asia donde junto con China y la iniciativa de la Organización de Cooperación de Shanghái se logró frenar la proyección del poder estadounidense después de la intervención y ocupación de Afganistán y la creación de bases militar en Asia Central –que tuvieron que cerrar.