Sociedad

Miércoles 29 de abril de 2015

El motorman de la tragedia de Castelar fue condenado a 4 años y 3 meses de prisión

Daniel López fue encontrado culpable por el choque de ferrocarriles que dejó tres muertos en 2013.

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“Esta condena es un antecedente para el juicio por la tragedia de Once, porque queda en claro que los motorman no son santos”, anticipó el abogado querellante Gregorio Dalbón, luego de que se conociera el fallo que encontró al maquinista Daniel López como culpable del choque de ferrocarriles que dejó 3 muertos y unos 300 heridos en 2013 a la altura de Castelar.

Por la falta de antecedentes, en algún momento se especuló con que López podría lograr una condena de prisión en suspenso, pero finalmente la Justicia resolvió que deba cumplir con tiempo en la cárcel gracias a la condena de 4 años y tres meses. Una pena muy similar a los 4 años y 9 meses solicitados por el fiscal Alberto Gentili.

El fallo no sólo lo encontró responsable de no haber frenado la formación del ferrocarril Sarmiento que embistió a otra en Castelar, sino que también ordenó investigar a tres sindicalistas por haber caído en falso testimonio en el curso del juicio.

“Abre la puerta para investigar a La Fraternidad para tener condenados no sólo al señor López, sino a todos los que lo ayudaron, porque él escapó de la formación sin ayudar a nadie y fue a refugiarse con sus compañeros sindicalistas”, recordó Dalbón.

El abogado querellante, quien tiene el mismo rol en el juicio por la tragedia de Once, aseguró que el fallo de este miércoles habilita a “investigar aparte en una causa a los gremialistas” de la Unión Ferroviaria y La Fraternidad para conocer si existió algún tipo de intencionalidad en los tres accidentes que se produjeron con trenes en los últimos años.

López escuchó el fallo en la sala, pero se negó a hacer declaraciones a la prensa. Sus abogados también se retiraron sin hablar con los medios. De acuerdo con el fallo, el motorman no sólo ignoró dos señales para frenar, sino que incluso desactivó el sistema de freno “hombre muerto” para que el tren siguiera su marcha.