Sociedad

Jueves 30 de julio de 2015

“El Instituto de Enfermedades Virales Humanas, Fundado por Julio Maiztegui, es un orgullo de la Argentina porque es un instituto de investigación en virología que es referente mundial”

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Dr. Alfredo Seijo, docente de Salud Pública de la Facultad de Medicina – UBA. Jefe de Zoonosis del Hospital Muñiz. Socio fundador de la Asociación Argentina de Zoonosis.

Queríamos conversar con usted acerca de las Fiebres Hemorrágicas. ¿Qué nos puede decir de estas patologías?
Son un conjunto de enfermedades, o sea que en realidad es un síndrome de origen infeccioso que cursa con un patrón bastante característico en sus distintas manifestaciones. Este patrón clínico es agudo, comienza con fiebres, dolores musculares, fuerte dolor de cabeza, un componente abdominal con náuseas y vómitos y que luego deriva este cuadro febril en hemorragias que pueden ser en piel, que pueden ser viscerales. En general la gran mayoría de estas enfermedades se deben a virus pero también hay casos que son bacterianos. La fiebre hemorrágica más característica de nuestro país es la Fiebre Hemorrágica Argentina, que es producida por un virus. Por supuesto hay otras; la leptospirosis, la rickettsiosis, algunas formas de dengue.

¿Qué incidencias tienen estas fiebres hemorrágicas? ¿Cuál es su prevalencia?
Algunas son muy regionales y se dan en algunas partes del mundo. Otras tienen una distribución más universal. Por ejemplo la leptospirosis es universal. Tiene que ver escencialmente con las ratas, pero como reservorio muy importante tiene también al perro y a todos los animales mamíferos domésticos, o sea que la variedad de reservorios es muy grande. En el caso específico de la Fiebre Hemorrágica Argentina, es un tipo de fiebre hemorrágica bien regional, que fue conocida a partir de fines de 1950 y afecta a la población de la pampa húmeda. Es un adenovirus y ha sido muy bien estudiada, se asocia fundamentalmente al rastrojo, comúnmente se la llamaba el mal de los rastrojos. Esto es porque los reservorios son los roedores que se alimentan justamente de maíz y otros cereales, y por eso la enfermedad tiene más prevalencia en los meses de otoño que es cuando se termina la cosecha. El conocimiento y la rápida identificación y tratamiento de la enfermedad fue uno de los grandes logros argentinos. La primera descripción clínica la hizo el Dr. Argentino Rodolfo Arribalzaga, un médico de la zona de Bragado que hizo una descripción brillante desde el punto de vista clínico. Si observamos hoy mismo sus trabajos nos damos cuenta lo que es una excelente observación clínica. Él se dio cuenta que estaba ante algo nuevo. Luego vinieron los estudios de Parodi y Barrera Oro, pero sobre todo de Julio Maiztegui, que fue el fundador del Instituto de Enfermedades Virales Humanas, asentado en Pergamino, que es un orgullo de la Argentina porque es un instituto de investigación en virología referente mundial, colaborador de la Organización Mundial de la Salud. Fijese que a los pocos años de haberse manifestado este mal, ya se había identificado el virus y ya había una vacuna en la década del 60. Y hoy con orgullo podemos decir que el instituto fabrica en la Argentina la vacuna. Una vacuna que tiene una eficacia del 98 %. Y desde esas primeras épocas que estábamos en 700 casos anuales, hoy estamos en muy pocos casos que se producen en no vacunados. Con una ampliación de la zona, ya que al comienzo esta enfermedad se ubicaba en la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y al este de Córdoba y hoy en día es una enfermedad, que por la extensión de la agricultura, se encuentra en La Pampa, abarcó más territorio de Santa Fe y Córdoba e incluso más provincias.

¿Cómo influyó la expansión de la soja y el cambio de este cultivo por los más tradicionales de maíz y trigo?
Justamente, mucho antes de que se produjera la explosión sojera, el Dr. Maiztegui sugería el reemplazo del maíz por la soja, ya que el roedor no tiene el hábito de alimentarse con soja. Sin embargo esto puede controlar la enfermedad pero también la desplaza hacia otras zonas donde se empezó a cultivar cereales. Otra de las técnicas para tratar a los pacientes que contraían la enfermedad fue realizar transfusiones de plasma de pacientes que ya habían padecido la enfermedad, y por lo tanto ya tenía anticuerpos, a pacientes enfermos. Esto bajó la mortalidad al 1 %. En el instituto se trabaja muy bien con esta técnica, que requiere mucha estructura porque por ejemplo hay que tener freezers de 70 grados bajo cero para conservar el plasma debidamente titulado y analizado. Y están disponibles los 365 días del año. El instituto creado por Maiztegui es un instituto de alta complejidad, único por sus características y por eso podemos decir que es un orgullo para la medicina argentina. Ahora la ingeniería genética y la biología molecular posibilitan que se puedan hacer anticuerpos monoclonales para atacar al virus. Esto se está experimentando con dos pacientes que padecen el virus Ébola en Estados Unidos. Bueno esto es un proyecto que ya comenzó en nuestro país para tratar la Fiebre Hemorrágica Argentina. Yo cuento lo del Instituto Maiztegui porque a veces en la Argentina desconocemos nuestras propias virtudes a nivel científico. Es el centro de referencia para todas las enfermedades de este tipo como dengue, hantavirus. Y siempre aparecen nuevas enfermedades, sobre todo virus, porque están en nichos ecológicos más cerrados. En la medida que invadimos nuevas áreas pueden aparecer nuevos virus. El virus va con el hombre y en un mundo globalizado esto es más fácil de que ocurra. Por eso hay ahora un temor generalizado con el Ébola.