Mundo

Jueves 25 de junio de 2015

Con apoyo del Papa, Argentina le reclama a Francia la devolución del cráneo de un indígena

Se trata de Liempichun Sakamata, un habitante originario de la Patagonia, que fue llevado por un explorador galo en el siglo XIX.

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Julio Vezub es un historiador argentino que localizó en París los restos de Liempichun Sakamata, un indígena originario de la Patagonia, cuyos restos fueron llevados a Europa en el siglo XIX por el conde galo Henry de La Vaulx. Luego de su hallazgo, decidió informar de inmediato a Ángel Ñanco Sakamata, vecino como él de Puerto Madryn, y jefe de la comunidad mapuche-tehuelche y pariente de los Liempichun; y a partir de ahí, gestionar un pedido oficial al gobierno francés para que devuelva al país los restos del aborigen argentino.

Apoyados por un grupo de antropólogos, las comunidades Liempichun y Sakamata enviaron, incluso, una carta al papa Francisco en la que le solicitaron su intervención para que el cráneo de su antepasado les sea restituido. Fernando Pepe, uno de los referentes del Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (GUIAS) cree que el proceso, que contó con el apoyo del gobierno de Chubut y la Cancillería argentina, no presentaría mayor dificultad.

Vezub, a su vez, aclaró que en ningún momento las autoridades del Museo del Hombre en Francia -lugar donde está el cráneo- se opusieron a que se divulgue la noticia, y que las leyes francesas prevén que en caso de que se pueda establecer una vía genealógica, se activa el proceso de restitución.

Pero, ¿quién es el indígena reclamado y cómo llegaron sus restos a París? La historia se remonta al siglo XIX en el sur argentino, donde el explorador francés viajó por toda la región profanando sepulturas de pueblos aborígenes, hasta que dio con el cráneo de Liempichun Sakamata, un lejano antecesor de una estirpe que aún habita en el país.

“En esa época consideraban importante obtener esqueletos y cráneos para poder clasificar y desarrollar la teoría de la evolución humana”, explicó Vezub al diario El País de España. Dijo que “La Vaulx recorrió más de 5.000 kilómetros de la Patagonia relevando paisajes, rocas, plantas, animales y humanos, para lo cual se contactó con las distintas comunidades mapuches y tehuelches de esa región”.

Contó además, que el explorador francés en una de sus crónicas sobre el viaje a la Patagonia relató cuando un aborigen lo increpa por haberse llevado los restos de su antepasado. Ante esto, La Vaulx justificó su accionar diciendo que los pondría “en Francia dentro de una bella vitrina, en un gran templo que se llamaba Museo, donde una multitud de visitantes iría a admirarlos, ya que estarían mucho mejor ahí que bajo la tierra”.

Vezub participaba desde 2009 en un proyecto para investigar las colecciones del conde. Como parte de su proyecto, pudo acceder a ellas en el museo parisino, una institución prestigiosa que busca mostrar la evolución del hombre en su diversidad y riqueza cultural. Allí pudo ver y fotografiar el cráneo de Liempichun, que se encuentra junto a otros “cien cráneos y doce esqueletos de pobladores originarios de La Pampa y Patagonia”.

Todos ellos “están rotulados, dicen dónde fueron obtenidos y son bastantes precisos con el lugar de excavación” pero resulta “difícil su identificación individual ya que conviven con otros esqueletos de mayor antigüedad”, dice el historiador, quien aseguró que su investigación fue como “reconstruir la escena del crimen” en alusión al salvajismo de las prácticas científicas del siglo XIX.

Liempichun, cuyos restos se busca restituir desde Francia, no era un cacique, sino sobrino de quien llegó a dominar a fines del siglo XIX un vasto territorio entre el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz. “Era hijo de Antonio Liempichun y sobrino del cacique Juan Sacamata. No sabemos cuál era su nombre cristiano, si es que lo tuvo, ni de qué murió: pero sí que medía más de dos metros de alto y acababa de ser enterrado en el paraje Choique Nilahue cuando profanaron su tumba”, explicaron voceros de la comunidad Liempichun.

La Vaulx, “realizó intercambios y trueques con las comunidades y se contactó con los principales caciques” tehuelches de esa época, “estaba obsesionado por la talla extraordinaria de ellos, por lo cual aprovechó los datos que le proporcionaron sobre tumbas recientes y antiguas para extraer los restos”, añadió el historiador.